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El
ajedrez más que un juego o una ciencia
es una disciplina. Representa para muchos de sus
seguidores una aventura cuando se sumergen el
mundo del un tablero bicolor donde convergen ideas,
concentración, arduo trabajo intelectual,
inspiración, deseo de competir y la necesidad
de planeamiento junto a una esmerada disciplina
que al final culmina en un intenso juego donde
el análisis y los instintos de supervivencia
juegan un papel indispensable. |
La planteación de una hipótesis y la planificación
de la acción a seguir, el hábito de persistencia,
el desarrollo de mecanismos de concentración
y atención, el dominio de la voluntad, el aprendizaje
de fundamentos y clasificación de alternativas
de opción y secuencias lógicas y la liberación
de la imaginación y la creatividad, crean en
la persona que juega ajedrez una mejor valorización
de la actitud de meditación.
Existen distintas versiones sobre sus orígenes,
se dice que en el año 3000 A.C, se descubre en
la tumba de Mera, cerca de la Pirámide Gizeh,
dos figures humanas jugando al ajedrez. De igual manera
en la tumba de Tutankhamon, el rey egipcio (1360 AC)
se encuentra un tablero con muchas similitudes al tablero
actual.
Los nombres de las piezas de ajedrez en Sánscrito
representan los cinco elementos que componen el Universo:
el fuego representado por la Dama (Mantrín),
el aire representado por el Alfil (Hastin) que se mueve
en diagonal, el agua representado por el Caballo (Asva)
cuyo movimientos en 'L" recuerdan las olas del
mar, la tierra que es la Torre (Ratha) que se mueve
en direcciones perpendiculares hacia los lados del tablero
buscando los puntos cardinales de la tierra y la Quinta
esencia, el Rey (Rayan) que llena el cosmo, alrededor
del cual se mueven todas las piezas, siendo el núcleo,
principio, centro y fin del juego. Los peones representan
al hombre, cuya vida no vuelva atrás. Cuando
alcanzan la última fila pu-eden transformarse
en una ficha de valor superior con excepción
del rey.
"Es
la única droga que produce un placer permanente"
Assiac
Algunos
adjudican este juego a un invento de los chinos, otros
dicen que fueron los griegos quienes inventaron el ajedrez,
y otros establecen el origen en la India en el siglo VI
después de Cristo, que se conocía como "Sha-Mar",
lo que quería decir 'juego de la muerte del sha
(rey)', en el siglo VII se extiende por Asia y más
tarde entre los siglos VIII y X, por medio de la conquista
española por el Islam.
Lo que sí es una realidad es que el ajedrez alcanzó
gran popularidad en Europa en la Edad Media. Durante los
siglos XI y XV estuvo prohibido por la iglesia Católica.
En el siglo XVI aparecen algunos cambios en las reglas
del juego, el alferza se convierte en dama, el alfil toma
las características que se mantienen hasta nuestros
días, aparece el inicial avance de dos pasos del
peón y la captura al paso y finalmente aparece
el enroque.
El
ajedrez es el arte de la razón humana"
G. Selenus
Uno
de los más importantes íconos de ese tiempo
fue el sacerdote español Ruy López de Segura
(1560) a quien se le acredita con la famosa apertura con
peón de rey, que todavía a pesar de algunas
modernas variantes es la preferida de grandes campeones,
por su armonía y perfección. Más
adelante, en el siglo XVII el dominio de este juego-ciencia
pasó a los ajedrecitas italianos donde se destacó
Gioachino Greco "il calabrese". En el siglo
XVIII los franceses juegan un papel importante en el campo
del ajedrez, resaltando jugadores como el filósofo
ajedrecista y gran compositor musical francés,
François-André Danican, apodado 'Philidor'
(1726-1795, que sentó principios e hizo énfasis
en la importancia de los peones para su estrategia.
Hasta 1886 no se crea el título de Campeón
Mundial de Ajedrez de forma official, siendo Wilhelm Steinitz
(1836-1900) el primer campeón de ajedrez reconocido
en el mundo.
Entre los clásicos del ajedrez están, Alekhine,
Lasker, Tarrasch, Rubins-teins, Nimzowitch, y Capablanca,
entre muchos otros.
Pero ¿ quién era Capablanca? En 1888 nace
en El Castillo del Príncipe en la Avenida Carlos
III y Boyeros en el Vedado en la Habana quien fuera considerado
como uno de los genios del juego ciencia en su época:
José Raúl Capablanca quien a los doce años
no podía ser considerado como un novato. Era un
jovencito que no había estudiado el ajedrez, solo
sabía lo que por tan largas horas había
aprendido mirando a su padre jugar
Al enfrentarse
al campeón cubano Juan Corzo, Capablanca denotó
su brillante intuición, su calidad de genio y su
brillante capacidad para este deporte. Es conocido como
el más talentoso de los jugadores cubanos de ajedrez
que jamás se haya visto. Su facilidad mecánica
transformaba una posición compleja en un simple
problema de técnica de cierre sin necesidad de
bases de datos ni computadoras, y sin tener idea de las
técnicas modernas del siglo XXI.
Participó en los más importantes encuentros
de la época a nivel mundial causando gran expectación
y asombro por su destreza y dominio del tablero. Contribuyó
grandemente a promocionar a Cuba a nivel internacional
a principios del siglo XX. En 1921, Capablanca ganó
el título mundial de manos de Emanuel Lasker quien
era campeón del mundo. También hizo tablas
con el Gran Maestro mexicano Carlos Torre Repetto ante
quien consiguió otra Victoria. Se mantuvo como
campeón entre 1921 y 1927.
José Raúl Capablanca, desde su infancia
se caracterizó por el dominio de la estrategia
y la táctica con gran seguridad y maestría.
Su gran intuición y la simplificación de
final de juego se mantienen como modelos en el ajedrez
rápido hasta hoy. Su récord es incredible,
20 torneos de relevancia donde ganó o compartió
15 primeros lugares y 9 segundos lugares. Se le conocía
en esos tiempos como 'la máquina de ajedrez'
En 1936 el ruso Mikhail Botvinnik empató a Capablanca
en el torneo de Nottingham. En ese mismo año durante
el torneo internacional celebrado en Moscú le preguntaron
a Capablanca que por qué siendo un virtuoso en
finales no componía estudios sobre los mismos,
a lo que contestó: "De joven compuse uno tan
difícil que nadie podía resolver. Desde
entonces, no me ha interesado la composición de
estudios, pues considero inútil componerlos si
nadie los puede soluciona". Esa jugada, según
se cuenta, constaba de veinticuatro movimientos que revelaban
la dificultad de resolverlo.
Capablanca consideraba que 'el final hay que captarlo
desde el planteo de la apertura' y para ello enseñaba
a través de lecciones radiofónicas desde
Nueva York, ciertas jugadas que se recopilan en el libro
'Lecciones Elementales de Ajedrez' y 'Fundamentos del
Ajedrez', ambos de su autoría.
Capablanca estudió ingeniería en la Universidad
de Columbia y su pasatiempo favorito era jugar ajedrez
en el Manhattan Chess Club de Nueva York donde hizo sus
mejores jugadas ganándole al campión estadounidense
Frank Marshall en 1909 cuando le ganó ocho a una
contando con apenas 20 años de edad.
Uno de los más importantes momentos en la vida
de Capablanca fue en Cleveland donde jugó simultáneamente
con 103 jugadores. Ganó 102 juegos y perdió
uno. Esta fue una de sus más notables proezas.
Luego del juego dijo "Me cansé durante
ese juego. Tenía que ir de mesa en mesa durante
siete horas. Debo haber caminado diez millas. En el ajedrez
como en el béisbol, las piernas son las primeras
que se van
El ajedrez no es un juego para viejos".
"Cuando un enfrentamiento se termina, lo major es
olvidarlo. Uno puede recordar solo ciertas cosas, de manera
que es major olvidar las que no tienen importancia y recordar
solamente las que uno puede utilizar. Por ejemplo, Yo
recuerdo y recordaré siempre que Babe Ruth en 1927
hizo 60 jonrones", dijo en una occasion Capablanca.
Uno de los elogios más apreciados por un jugador
de ajedrez es 'jugaste como Capablanca'; basado en uno
de los más notables juegos del campeón,
donde sacrificando a la reina, consiguió un mejor
final.
De acuerdo con un artículo aparecido en la Revista
Carteles en La Habana en Marzo de 1942, a raíz
de su muerte, Enrique Corzo, dice: "Capablanca
fue, sin disputa -y que esta aseveración no se
considere una irreverencia-, el cubano internacionalmente
más representativo de su tiempo, y el único
cuyo nombre, vinculado a una supremacía manifiesta
en cierta actividad mental que implica una tradición
de cultura, podía ser identificado sin esclarecimientos
adicionales en cualquier lugar de la tierra."
También Corzo hace mención de las multiples
cualidades de Capablanca como "un raro ejemplar
de energía cívica", añadiendo".
La adopción de la ciudadanía norteamericana
le hubiese comportado la riqueza además de la gloria.
Sin embargo siempre se enorgulleció de ser cubano.
Un poco de concesión a la servilidad política
le habría proporcionado lo que su entereza moral
le fue alejando a cada paso. Era tan hostil a la lisonja
que no solo no la ofreció nunca, sino que no la
aceptó de los otros. A veces parecía huraño
y habría que quererlo a pesar suyo. Su inteligencia
no era de una sola faceta. Graduado de la Universidad
de Columbia, disponía de una cultura y de un buen
gusto que le abrieron, en centros de mayor rigor social
que el nuestro, todas las oportunidades a las más
exclusivas convivencias. En su peregrinaje viajero, casi
constante, siempre dejo en alto el nombre de Cuba. Como
funcionario tuvo el tacto, la probidad y la aptitud indispensables
para despertar envidias y antagonismos. En lo últimos
tiempos hubo hasta quienes pretendieron negar su gloria,
buscándole émulos ilusorios, por no decir
grotescos.
Capablanca fue, en suma, un cubano cuya reputación
dio a la tierra que lo vio nacer más universalidad
en el renombre que la vasta suma de sus más ilustres
compatriotas en la latitud de su tiempo. Ningún
otro grande hombre de Cuba ha movido antes ni moverá
después, en muchos años, los hilos del cable,
ni suscitará en la prensa internacional un interés
y una curiosidad dolorosos como los que su muerte ha creado.
Como los grandes rotativos norteamericanos declaran, el
malogrado ajedrecista dio a conocer más a Cuba
que todo el resto de sus contemporáneos. Si supimos
recompensar tan alto servicio y si oficial y públicamente
correspondieron la República y los cubanos a la
gloria que Capablanca compartió con nosotros, es
cosa que dirá la historia. Pero parécenos
que los honores que le han dispensado después de
muerto, no borran la insuficiencia del respaldo que se
le ofreció en vida para que pudiese imponer universalmente
su genio." |